“CARGAS” por Bárbara Alpuente*

Publicado: 01/07/2015 en Sección
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ii9Q3baY_400x400Acabo de leer una noticia sobre un grupo de personas que recoge firmas para pedir la legalización del suicidio asistido de niños sanos que no quieren seguir viviendo. ¿Escalofriante, verdad? Sí, tanto que no es cierto. En realidad la noticia no es con niños, sino con adolescentes que no quieren seguir viviendo. ¿Igualmente escalofriante, no? Ya, pero es que tampoco es cierto. La noticia real la protagonizan los ancianos…  ¿Aliviados?

Hombre, aliviados tampoco, pensaréis, pero es más comprensible. ¿Ah, sí? Revisemos honestamente nuestro pensamiento cuando encontramos comprensible que un anciano, por el simple hecho de serlo, decida suicidarse.

Quizá pensamos que personas que no hacen nada útil a las que solo les queda esperar a la muerte, en su mayoría en soledad, merecen poder matarse si así lo desean. “Tu vida es una mierda, tienes mi bendición para acabar con ella”. ¿Quiénes somos nosotros para impedirlo? Pues hombre, para impedirlo no lo sé, pero para intentar encontrar las causas de que esta corriente exista, quizá sí que seamos alguien. Porque se empieza por argumentar que están en su derecho, y se acaba por argumentar que están en su deber. A este paso, esta sociedad supuestamente civilizada pensará firmemente que deben quitarse de en medio voluntariamente para dejar de molestar. Ese es el mensaje que destila nuestro comportamiento inmisericorde; que molestan. Y es lógico que cuando el mensaje va calando, haya quien quiera quitarse de en medio para dejar de ser una carga. No olvidemos que a las responsabilidades familiares las seguimos llamando “cargas”; nuestros hijos, nuestros padres, nuestros abuelos, en definitiva, todo eso que no nos deja hacer lo que nos apetece cuando nos apetece. Todo eso que requiere ocuparse de alguien que no eres tú, es considerado una “carga”.

Se escuchan muchas voces a favor de la legalización del suicidio asistido en ancianos, pero no tantas a favor de solucionar las causas que empujan a un ser humano a desear quitarse la vida. ¿Por qué? Quizá porque esta segunda opción requiera una revisión de nuestras actitudes y una demoledora autocrítica, y esto no nos apetece mucho. Nos apetece más reivindicar lo que nos hemos inventado que representa la libertad. Y la libertad, por lo visto, no tiene que ver con ninguna responsabilidad social, sino con animar a los que nos incordian a que se quiten de en medio por decisión propia. El cinismo radica, entre otras cosas, en que la decisión no es tanto propia como inducida por todos nosotros.

“Es una sociedad libre”, me dirán muchos. ¿En serio? Porque es muy probable que a esos mismos ancianos que desean morir en esta sociedad, no se les pasara por la cabeza si vivieran en otra. Y cuando se lleva a un ser humano a ese extremo hay que preguntarse qué coño está pasando, en vez de reivindicar una ley para que siga pasando, como si la cosa no fuera con nosotros.

Apuesto a que si se pusiera en marcha una ley para asistir suicidios de discapacitados, también habría un fervor popular a favor de esta medida. Porque los ancianos y los discapacitados nos dan mucha penita, y precisamente por eso nos incomodan. Y cuando los observamos, un pensamiento atroz recorre nuestra mente: “¿Para qué viven si no pueden hacer lo que hago yo?” Porque el baremo de la felicidad está en lo que nosotros queremos o podemos hacer. Pero pensemos honestamente, ¿qué es eso tan importante que nosotros, sin impedimentos físicos ni psicológicos, estamos haciendo con nuestras vidas? ¿Qué es eso tan importante que nos permite juzgar con superioridad moral, física e intelectual cómo deberían ser las vidas de los demás?¿Qué es eso tan importante que nos conduce a derramar toda nuestra condescendencia con aquellos que no son como nosotros y que, por lo tanto, no tienen razones para seguir viviendo?

¿En qué momento se nos otorgó el poder de erigirnos como jueces por el simple hecho de ser jóvenes y estar sanos? Circunstancias ambas, que no virtudes, que ni siquiera dependen de nosotros. O sea, que nos congratulamos por pertenecer a ese grupo elegido de personas que no sobran en la sociedad, y con ese privilegio lo único que hacemos es seguir defendiendo un sistema de mierda, que en vez de proteger al necesitado lo que hace es empujarlo a desear su muerte.

No sé, a  ver si la carga vamos a ser nosotros.

*Bárbara Alpuente es Guionista, actualmente de la serie “Cuéntame”, también de series como “DoctorMateo”, “Camera Café” y otra muchas. Además ha publicado dos libros: “Más allá de mí” y “El amor se me hace bola” y columnista de diversas revistas.

 

 

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